“Después de un accidente que afectó mi movilidad, pensé que nunca volvería a sentirme libre. La terapia asistida con caballos me devolvió esa sensación. Con cada sesión, el movimiento del caballo me ayudó a fortalecer los músculos y mejorar mi postura, pero sobre todo, me devolvió el ánimo. El vínculo que se crea con el animal es algo que no se puede explicar, solo vivir.”